Cushing, Añelo y la estampita de Vaca Muerta
Cushing es un pequeño pueblo de 8.000 habitantes ubicado a 100 kilómetros de Oklahoma, en Estados Unidos. Por su territorio pasan más kilómetros de oleoductos que calles asfaltadas. Se trata del nodo petrolero del país del norte: allí se ubica la mayor cantidad de tanques de almacenamiento del continente. En este Abasto mundial del crudo, otrora tierra de colonos y granjeros, se hacen las entregas pactadas que sirven de referencia para la cotización del barril WTI.
Lo que pasa en Cushing impacta en otro pueblo de 8.000 habitantes, ubicado a 100 kilómetros de Neuquén, en Argentina. Bastante más rústico y decididamente con menos infraestructura, Añelo también tuvo a sus colonos. Primero fueron los gauchos y un siglo más tarde los trabajadores petroleros. Bien podría haber sido un pueblo ganadero, aunque la única vaca que hoy le da de comer está muerta. La formación no convencional, la salvación energética del país, tuvo un 2016 para el olvido.
Con los tanques de Cushing rebosantes, el precio del petróleo tocó los 26 dólares en febrero, un mínimo que despertó los peores pronósticos.
El acuerdo de recorte de producción de la OPEP y Rusia estabilizó el barril en 55 dólares, un valor que todavía pone en jaque a la producción local pero que despierta alguna luz de esperanza. La mayoría de los pronósticos de las bancas de inversión lo ubican en ese rango para el año que viene. Sólo los más optimistas lo ven por arriba de los 60 dólares.
El triunfo de Donald Trump en Estados Unidos tendrá un doble efecto sobre el sector. Por un lado, alentará las inversiones. El magnate republicano es un defensor de la producción de hidrocarburos y ya anunció medidas para facilitar la producción no convencional en Estados Unidos. Su hombre para el Departamento de Estado, Rex Tillerson, es el ex-CEO de Exxon. Conoce muy bien el desarrollo shale de su país y también el de Argentina. Vaca Muerta es un mundo muy explorado y valorado por el exempresario, ahora a cargo del servicio diplomático más importante del mundo. Pero el temor a que la economía del país del norte se cierre está más que latente. La suba de la tasa de referencia de la Reserva Federal también podría presionar a la baja al petróleo. Si el dólar se encarece, también lo hará el crédito. Y Vaca Muerta necesita ingentes cantidades de dinero para poder desarrollarse.
En el plano local, tras un largo año de reformas –algunas cosméticas y otras profundas– el sector camina hacia una nueva etapa. El gobierno de Mauricio Macri a través de su brazo ejecutor, el ministro de Energía Juan José Aranguren, consiguió subir las tarifas de gas y normalizar algunas variables como la compra de moneda extranjera y el giro de divisas.
Ahora resta resolver un plan intersectorial que podría firmarse el 10 de enero. Se trata de un compendio de reglas del juego que buscan despejar incertidumbres y atraer inversiones.
En principio, el barril criollo
–una invención kirchnerista que mantuvo el macrismo– desaparecerá a mediados de año, cuando se empalme con el precio internacional. Sin embargo, sostendrá un piso de 55 dólares. Con ese valor, hay muchos yacimientos convencionales de la cuenca, como Puesto Hernández, Chihuido de la Sierra Negra o El Trapial, que quedarán al borde de no ser rentables.
Otra regla que se acordará es la continuidad de un precio subsidiado para el gas de formaciones no convencionales. Ese será el negocio que viene para Neuquén. Con el 30% del recurso importado, hay un gran mercado para su desarrollo. Si se sostiene el precio, habrá nuevas inversiones. Un 25% del recurso que sale del subsuelo local viene de formaciones shale o tight. Vaca Muerta comparte cartel con otras capas geológicas que también prometen.
El punto más conflictivo y a la vez más determinante de esta discusión es el gremial. Los sindicatos cerrarán en los próximos días un acuerdo que activará una adenda al convenio colectivo de trabajo. Será un régimen especial para el no convencional, que tendrá menos concesiones que el anterior y redundará en un menor costo salarial para las empresas. A medida que desaparezca el convencional, todo el sector mudará a este nuevo esquema, algo que las petroleras reclaman como necesario para mejorar la productividad. La firma de este acuerdo de flexibilización será el primer triunfo laboral del macrismo en su carrera por modificar los convenios de trabajo.
Los cambios se darán en un escenario de crisis, que toma cuerpo en los cientos de despidos que se registraron este año y en el hecho de que no hubo bono de fin de año para un sector acostumbrado a premios de decenas de miles de pesos.
Aunque Aranguren podrá anotarse un logro si este gran pacto petrolero prospera, lo cierto es que su liderazgo está en duda. Tras haber pagado el costo político de una suba de tarifas mal aplicada y sobre todo mal explicada, el ex-CEO de Shell soporta críticas externas e internas. El impacto de los cortes de luz en el verano será clave para determinar su continuidad en el 2017.
El giro ortodoxo en la economía que anticipa la abrupta salida de Alfonso Prat Gay podría impactar fuerte en el sector petrolero, un beneficiario central de los subsidios estatales. El mercado energético transita de forma lenta pero inminente hacia una liberación total. Frente a este escenario, corresponde preguntar qué pasará si el crudo vuelve a superar los 100 dólares y hay que trasladar ese incremento de forma plena a los combustibles.
Omar Gutiérrez aprendió de su antecesor, Jorge Sapag, y se convirtió rápidamente en el mejor lobbista de Vaca Muerta. Jugando con las empresas o con el gremio según la ocasión, terció activamente para evitar la desaparición del barril criollo y garantizar así mayores regalías para Neuquén.
Sin embargo, las pérdidas serán millonarias para las arcas estatales en el 2017. Con las cuentas públicas en rojo y el sector petrolero expulsando mano de obra, la conflictividad social seguramente crecerá.
La muñeca política de Gutiérrez será clave para evitar que el piedrazo que sufrió la camioneta que llevaba a Mauricio Macri en Villa Traful se convierta en un símbolo de lo que se viene. Después de todo, ya no podrá rezarle a la estampita de Vaca Muerta que, como un Ceferino todoterreno, permitió meter bajo la alfombra por un par de años la gran desigualdad que hay en Neuquén.
